ANA MARIA PEDRONI

Sergio propició mi llegada a Ana María, así que entré directamente por el dintel acompañado por la Señorita Simpatía, la Reina de la Amistad, las Flores de la Feria. Hablábamos de todo, ella le pasaba el plumero de su pensamiento a cualquier cosa y aquello se desempolvaba y empezaba a relucir.  Alimentaba mi entusiasmo y me hacia concesiones,  dejaba  que nuestra conversación se encaminara hacia la filosofía francesa, la gran filosofía francesa del siglo XX.  Me regaló el Antiedipo, marcado hasta el final con la minuciosidad de un lápiz, con su respeto y amor por las ideas, por las palabras.  Ana María cumplía conmigo sus funciones socráticas, era una gran practicante de la mayéutica. Muy señorita podrá ser la Simpatía, muy reina la Amistad, pero también las hacía parir. Así se regalaba. Hablábamos de los payasos, de mis dibujos, de los acontecimientos. Recuerdo ahora una entre las últimas conversaciones, sentados lado a lado, en una banca, como contemplando un rio, el rio de los jóvenes universitarios, el rio de la vida que era su alegría permanente y la razón de su esperanza. 
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alexis


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