FAUSTO

En la calle, en el fuero interno de la gente, en las conversaciones de todo tipo, en la cabeza de un fulano metido en su cubículo, en la soledad de la mujer que se queda lavando los trastos a las nueve de la mañana, cuando ya todos se han ido, en el hogar de ancianos Cabecitas de Algodón. Las historias están por todos lados.

En Cabecitas de Algodón: El Poeta se vino a vivir por su propia voluntad, forzado por las circunstancias, hay que decirlo, pero por su propia voluntad.  Tenía opciones, todas malas. Así que se decidió por la menos jodida, por aquella de la que no sabía nada.  Se imaginó que la Antigua era un buen lugar para terminar con su existencia, escribiendo algunos versos que durante años se habían estado modificando en su cabeza.  Había versos que lo acompañaron siempre, caleidoscópicos, mutantes, siempre dando vueltas.  Un poco de paz para escribir, para sacarse de encima y de una vez por todas las palabras y los residuos de las palabras. Los versos ahora mismo están guardados en una caja de galletas pozuelo.  Ya habrá oportunidad de leerlos.  O tal vez no.  Me atrevo a decir que el último soneto del último cuaderno tiene esa melancolía que le hizo célebre.  O tal vez no.

Comentarios

Entradas populares